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REALEZA En el año 2004, en plena efervescencia de los megascooter debido al éxito de modelos tan revolucionarios como el Suzuki Burgman 650, muchas marcas comenzaron a presentar modelos de distintas cilindradas (siempre altas, que por eso se usa la palabra “mega”) para cubrir distintas parcelas dentro del mismo segmento. Por ejemplo, la misma Yamaha creó el escúter deportivo por excelencia que, como todos sabemos, es el T-Max 500 bicilíndrico con transmisión independiente. No obstante, es un modelo caro, ciertamente exclusivo y que como escúter urbano presenta alguna carencia en lo que a practicidad se refiere y que, por lo tanto, a un urbanita puro- aquel que quiera usarlo para trabajar por las mañanas, poder llevar algún pasajero ocasional y tener un buen rendimiento por vías rápidas o/y circunvalaciones de las grandes ciudades- se le queda un poco alejado de sus necesidades.
Por eso, la marca de los diapasones desarrolló su familia Majesty que ya conocía un excelente representante en el segmento de los GT 125. A lo largo de estos últimos años ha sido una de las referencias del segmento por varias razones. Una, su diseño elegante y ciertamente compacto, a pesar de ser capaz. Dos, un motor monocilíndrico pero siempre una delicia tanto respuesta como de prestaciones. Y tres, que cuenta con algo fundamental en un escúter de ese tamaño como una excelente capacidad de carga bajo el asiento. Cuando salió, fue toda una novedad el diseño de este hueco puesto que lograba albergar los cascos integrales sobradamente sin aprovechar el ancho creando un maletero estilo automovilístico como la Suzuki Burgman- la gran representante del segmento durante años- sino aprovechando el largo. De este modo, se colocaba un casco justo a la altura del piloto y otro en la parte de atrás bajo el pasajero y aprovechando incluso algo de sitio de bajo del colín. Desde entonces se han mejorado los frenos colocando primero un segundo disco delantero y una versión ABS en el 2007 (opción que se sigue manteniendo, por supuesto) pero como en toda la industria y especialmente en el mundo de la moto la competencia aprieta cada vez más, una nueva evolución se imponía para actualizarla y que “su Majestad” siguiera siendo competitiva en el mercado.
RENOVACIÓN
Entre los cambios más evidentes, está la espectacular y llamativa óptica delantera en forma de “alas de murciélago” en forma de V, con una tobera frontal colocada entre los dos faros que está diseñada, entre otras cosas, para evitar las turbulencias de aire delante del carenado que siempre terminan afectando a la estabilidad del tren delantero. Ahora los intermitentes van en totalmente integrados y prácticamente rasantes al carenado. También el espectacular piloto trasero y el colín son ahora más esbeltos y, en general, todo el carenado ha sufrido una remodelación más o menos sutil.
Siguiendo con la estética, la alta pantalla de serie se ha sustituido en nuestra unidad de pruebas por una mucho más compacta, corta y ahumada que, a pesar de tener un pequeño flequillo deflector, compacta mucho la silueta de esta Yamaha y le proporciona un estilo mucho más deportivo. En cuanto al motor, pocos cambios pero siempre eficaces. El embrague y variador han sido retocados junto con electrónica, lo que logra que las salidas desde parado hayan mejorado considerablemente respecto al modelo anterior. Todo esto, por supuesto, conservando su mágica finura y tacto aterciopelado desde el primer giro de acelerador. En cuanto a la parte ciclo, ha heredado la bomba de freno de la T-Max y las manetas son regulables en distancia al puño, detalle que puede parecer superficial pero se muestra definitivo para mejorar la ergonomía y facilidad de uso. Por cierto, este respecto no podemos olvidar su excelente freno estático girando una leva colocada en el manillar derecho. Para estacionarla cuenta, por supuesto, con caballete y pata de cabra. DINÁMICA
Su excelente chasis de aluminio, que desgraciadamente es totalmente oculto y no puede ser admirado, logra una fiabilidad en la trazada combinado con ligereza como casi ningún otro de sus rivales directos. Apenas cabecea un poco en rapidísimos curvones de autopista, aunque su sección lateral la hace muy sensible a las rachas de viento… como cualquier otro megascooter, por otro lado.
Por otro lado, hay que considerar que como opción rutera de vehículo de dos ruedas para salir a disfrutar de alguna excursión de fin de semana, tampoco es desdeñable. Se aguanta bien y puede perfectamente con dos personas y equipaje para el que quiera disfrutar de un mototurismo tranquilo. En resumen, que estamos ante la verdadera realeza de los megascooter monocilíndricos. No es barato, pero su calidad, polivalencia y excelente diseño se lo merece. Después de todo, cuando te compras un modelo así es para usarlo durante muchos años, por lo que la diferencia entre esta Majesty y un modelo más barato pero claramente inferior se difumina a lo largo del tiempo, los kilómetros y, sobre todo, lo que disfrutas sobre ella.
Lo destacable: - Motor- Diseño atractivo - Capacidad de carga - Freno de mano - Chasis de aluminio Lo mejorable: - Peso en parado- Plataforma no plana - Precio superior a la competencia - Tapón de gasolina incómodo Precio: 6.749 €
Septiembre 2009 Prueba y Redacción: David García de Navarrete Fotografía: Miguel Méndez
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